¿Por qué duele tanto? Perder a un padre es el infierno puro, así que no me digas que lo ‘supere’

La vida nos cambia cuando alguno de nuestros padres dejar de respirar.Shock, entumecimiento, negación, ira, tristeza y desesperación son los sentimientos que la mayoría de las personas pasan después de la pérdida de un ser querido. Su voz, su sonrisa, sus gritos, sus momentos de cólera o risa exagera, esos pequeños momentos que no volverán a pasar, pero que se almacenan en nuestro corazón e incluso cuando lo recordamos, es como si volvieran a pasar. Sin duda, uno de los lutos más difíciles de enfrentar.

Estudios muestran que la pérdida de un padre puede llevar a un aumento en los riesgos de problemas emocionales y de salud mental a largo plazo, como depresión, ansiedad y abuso de sustancias.

Superar la pérdida de un ser querido nunca será fácil. Si además se trata del padre y se marcha antes de tiempo, la pérdida se convierte en un camino tortuoso pero del que se puede aprender mucho.

Mi dolor no desaparecerá pronto. Me encantaría que la gente dejara de decirme que lo supere.

Honestamente, me gusta la persona en la que me he convertido desde el fallecimiento de mi padre. Me he convertido en una mejor persona ayudando a los amigos que están lidiando con sus propias pérdidas. Me he dado cuenta de que docenas de ramos funerarios se tiran a la basura después del funeral, así que yo traigo vino en su lugar.

La investigación sobre la teoría del apego y la teoría del duelo ha conducido al desarrollo de intervenciones de dolor que ayudan a la gente a curarse de una pérdida. Las intervenciones de duelo son más efectivas cuando se enfocan en los recursos personales y la capacidad del individuo afligido para mejorar su propia resiliencia, así como en la atención paliativa de los proveedores de atención primaria y los miembros de la familia en los meses posteriores a la pérdida. Cuando una persona experimenta una pena complicada o sostenida – un dolor que persiste mucho después de los meses posteriores a la muerte – se pueden requerir intervenciones y evaluaciones adicionales para posibles problemas de salud mental.

Si tú también has perdido a tu padre o a algún ser querido muy importante para ti, conocerás la sensación de profundo vacío que se siente.

Después de la muerte de los padres, la vida cambia mucho. O quizás, muchísimo. Enfrentar la orfandad, incluso para personas adultas, es una experiencia sobrecogedora. En el fondo de todas las personas siempre sigue viviendo ese niño que siempre puede acudir a la madre o al padre para sentirse protegido. Pero cuando se van, esa opción desaparece para siempre.

Vas a dejar de verlos, no una semana, ni un mes, sino el resto de la vida. Los padres fueron las personas que nos trajeron al mundo y con quienes se compartiste lo más íntimo y frágil. Ya no estarán aquellos seres por los que, en gran medida, llegamos a ser lo que somos.

La muerte: de hablar de ella a vivirla, un gran abismo…

Psicólogos como Alexander Levy, autor de El adulto huérfano, y Hope Edelman, autora de Motherless daughters (Hijas sin madres), coinciden en que este tipo duelo –el de perder a los padres siendo adulto– es el menos mirado, conversado y contemplado. Sin embargo, es el duelo más común, el que todos –si tenemos la suerte de vivir lo suficiente– vamos a enfrentar en algún momento. Sus consecuencias no son ni tan livianas ni tan pasajeras como la sociedad parecería querer hacernos creer.

Fuente: https://www.apost.com/es/

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